domingo, 21 de julio de 2013

Reflexiones de primo

Hola, Domi.

Me resulta extraño hablar contigo sobre un papel o una pantalla, pero sé que el medio no es lo importante. Al igual que tú tengo serias dudas de que cuando nos vamos de aquí vayamos a un lugar poblado de querubines alados y nubes de algodón. No sé. Donde estés tú quizá haya wifi… O seguramente no.
Sí que creo que existe un Algo, seguramente eso que llaman Alma, que une nuestras existencias en un estamento, quizá más elevado, ojalá mejor,  pero diferente, distinto. De hecho aún podemos percibirte. Cuando nos juntamos los que te queríamos, cuando pensamos en ti… no sólo hay recuerdos, hay algo más, algo que te hace sonreír y que a la vez te desgarra por dentro. Duele. Está en todos nosotros. Existe.
Este es el canal por el que sé que nos escuchas a todos, dentro de este blog o fuera de él.
Cuando pienso en ti me vienen a la cabeza ráfagas de recuerdos. Mi cabeza funciona así, ráfagas que dan luz a  otras ráfagas para que viaje sobre ellas. En mi casa me dicen autista porque es cierto que me paso más tiempo de lo debido viajando sobre mis ráfagas pero hoy es especial. Quiero que me acompañes:

La primera ráfaga que me viene a la cabeza nace en Rascafría. Yo, unos cinco años, castigado por cabrón. Tú unos once. Tus padres y los míos unos inconscientes porque se van a tomar algo junto a Juan y Mila y te dejan como mi guardián y carcelero. Repito, inconscientes... Me dedico a putearte y a tratar de escapar para que me persigas pasándomelo fenomenal, seguro de que tú jamás me darás las dos hostias que me merecía.
Al final me buscas las vueltas, me lías y acabamos jugando, haciendo el payaso y riéndonos. ¿Sabes? has tenido la misma risa toda la vida. Resultado: niño cabrón domado. Misión cumplida y todo el mundo contento.
Este recuerdo aparentemente ñoño es para mí más importante de lo que pueda parecer.  A lo largo de los años más de una vez me comía la rabia de saber que no darías “la hostia encima de la mesa” que alguna situación se merecía y la memoria de esa tarde en la sierra me recordaba que no te hacía falta. Al final buscabas las vueltas a la vida para que todo fluyera y acababas y acabábamos riendo. Reine la Paz, podría haber sido tu lema. Creo que supiste siempre lograr ser feliz a fin de cuentas a pesar de todos los “niños cabrones” que la vida te ha ido poniendo por delante.
Otro flash se me cruza. Verano del ’95 en Almería. Llegabais tu Renault 9, Ana, Antonio Flores y tú al camping donde mis padres tenían la caravana.
Nos recuerdo en tu coche con las ventanillas abiertas yendo de acá para allá cantando con el pequeño de los Flores, las tardes en las playas y las noches en los paseos. Y sobre todo las bromas y las risas. Imborrable.
Aquel verano quedó roto por el fallecimiento de la abuela Carmela y mis padres y vosotros os volvisteis para Madrid. Mis hermanos, mi abuela y yo nos quedamos y en aquellos días tuve tiempo de acariciar y atesorar aquellos buenos recuerdos con mucho cuidado en mi memoria. Ana y tú eráis grandes, muy grandes y al poco tiempo os casabais para después dar a luz a vuestra mejor obra, Sergi…

La luz se me apaga y vamos a la noche de tu trasplante. Acudí al lado de mi primo, de mi amigo Raúl que estaba sufriendo como nunca le había visto por lo que te estaban haciendo. Por no poder hacer nada. Allí estaba tu familia, tus padres, tu hermano, tu mujer.  No estabas con nosotros pero estabas entre nosotros. Teníamos miedo pero también teníamos esperanza. Todo salió bien menos una cosa. Ana se nos hizo pequeña, muy pequeña y en aquel momento supe que más pronto que tarde la perderíamos. Creo que Raúl también lo supo.

Te recuperaste. De todo. Te recuperaste y volviste a buscarle las vueltas a la vida para encontrar la felicidad y mi mente viaja al verano de 2005 a caballo entre Cantabria y Asturias. Uno de los mejores.
Allí se hizo imperecedero el “qué gusto chato”, nos descojonábamos con “la mirada azul” de Zoolander, Sergio se lo pasó fenomenal entre tanto ganso y tú, paciente y orgulloso padre, procurabas poner orden de cuando en cuando porque los compañeros de juegos de tu hijo éramos peores que él…


La mirada azul. Santillana de Mar, Julio 2005

Estoy seguro de que a estas alturas mi autismo ya es compartido y en tu cabeza también se habrán disparado mil relámpagos sobre los que ir viajando plácidamente. Síguelos. Merece la pena cada uno de ellos. No es necesario escribirlos. Se leen mejor sin palabras.
Si tuviera que elegir una palabra representativa de todos ellos perfectamente podría ser DIGNIDAD.
La DIGNIDAD que siempre supiste transmitir en los buenos momentos y en los malos. Con qué DIGNIDAD supiste rescatar los mejores momentos de tu vida y sobre ellos ir construyendo cada nueva etapa que te tocó encarar.
La DIGNIDAD con la que soportaste toda clase de adversidades dentro y fuera de los hospitales.
La DIGNIDAD con la que nos recibías siempre, incluso en tus últimos días, y que a pesar de todo te hacía parecer el de siempre. Dos días antes de dejarnos casi nos matas de risa a mi hermano y a mí relatándonos en la UCI el episodio del “estáis todos muertos”  con el tío Juanito… en otra UCI… en otro tiempo. Tenías miedo y bromeabas con la muerte. La presentías “La de La Guadaña ronda por aquí todas las noches” nos decías, pero aún así la encarabas con esa valentía que jamás te reconociste, a tu manera, y con esa risa de los once años mirabas a los ojos de la Negra Dama.
Te dolía la posibilidad de dejar a los que querías y te querían, tus padres, tus hermanos tus compañeros amigos y familia, Aurelia…
Y en tu Alma limpia una última preocupación. Legítima. Integra, tal como tú eras. SERGIO. “¿Qué se le dice a un hijo cuando sabes que no le volverás a ver?” te preguntabas en voz alta. La DIGNIDAD con la que te abrías no podía esconder que ésta era seguramente la más afilada espina que tenías clavada. Sabías que tenías un hijo maravilloso y que te quería como tú a él. “Sólo puedo pedirle que pase lo que pase sea una buena persona” decías. Sé que sabías que lo será. A su alrededor sólo hay personas que le quieren, que le acompañarán en el camino y que se partirían el pecho antes de dejar que algo malo le pase. Puedes estar tranquilo…
Te fuiste en paz…



Quedada primos Villarraso. Junio 2009

… pero sigues entre nosotros.

Dani










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