Hola, Domi.
Me resulta extraño hablar contigo sobre un
papel o una pantalla, pero sé que el medio no es lo importante. Al igual que tú
tengo serias dudas de que cuando nos vamos de aquí vayamos a un lugar poblado
de querubines alados y nubes de algodón. No sé. Donde estés tú quizá haya wifi…
O seguramente no.
Sí que creo que existe un Algo, seguramente
eso que llaman Alma, que une nuestras existencias en un estamento, quizá más
elevado, ojalá mejor, pero diferente,
distinto. De hecho aún podemos percibirte. Cuando nos juntamos los que te
queríamos, cuando pensamos en ti… no sólo hay recuerdos, hay algo más, algo que
te hace sonreír y que a la vez te desgarra por dentro. Duele. Está en todos
nosotros. Existe.
Este es el canal por el que sé que nos
escuchas a todos, dentro de este blog o fuera de él.
Cuando pienso en ti me vienen a la cabeza
ráfagas de recuerdos. Mi cabeza funciona así, ráfagas que dan luz a otras ráfagas para que viaje sobre ellas. En
mi casa me dicen autista porque es cierto que me paso más tiempo de lo debido
viajando sobre mis ráfagas pero hoy es especial. Quiero que me acompañes:
La primera ráfaga que me viene a la cabeza
nace en Rascafría. Yo, unos cinco años, castigado por cabrón. Tú unos once. Tus
padres y los míos unos inconscientes porque se van a tomar algo junto a Juan y
Mila y te dejan como mi guardián y carcelero. Repito, inconscientes... Me
dedico a putearte y a tratar de escapar para que me persigas pasándomelo
fenomenal, seguro de que tú jamás me darás las dos hostias que me merecía.
Al final me buscas las vueltas, me lías y
acabamos jugando, haciendo el payaso y riéndonos. ¿Sabes? has tenido la misma
risa toda la vida. Resultado: niño cabrón domado. Misión cumplida y todo el
mundo contento.
Este recuerdo aparentemente ñoño es para mí
más importante de lo que pueda parecer.
A lo largo de los años más de una vez me comía la rabia de saber que no
darías “la hostia encima de la mesa” que alguna situación se merecía y la
memoria de esa tarde en la sierra me recordaba que no te hacía falta. Al final
buscabas las vueltas a la vida para que todo fluyera y acababas y acabábamos
riendo. Reine la Paz, podría haber sido tu lema. Creo que supiste siempre lograr
ser feliz a fin de cuentas a pesar de todos los “niños cabrones” que la vida te
ha ido poniendo por delante.
Otro flash se me cruza. Verano del ’95 en
Almería. Llegabais tu Renault 9, Ana, Antonio Flores y tú al camping donde mis
padres tenían la caravana.
Nos recuerdo en tu coche con las ventanillas
abiertas yendo de acá para allá cantando con el pequeño de los Flores, las
tardes en las playas y las noches en los paseos. Y sobre todo las bromas y las
risas. Imborrable.
Aquel verano quedó roto por el fallecimiento
de la abuela Carmela y mis padres y vosotros os volvisteis para Madrid. Mis
hermanos, mi abuela y yo nos quedamos y en aquellos días tuve tiempo de acariciar
y atesorar aquellos buenos recuerdos con mucho cuidado en mi memoria. Ana y tú eráis
grandes, muy grandes y al poco tiempo os casabais para después dar a luz a
vuestra mejor obra, Sergi…
La luz se me apaga y vamos a la noche de tu trasplante.
Acudí al lado de mi primo, de mi amigo Raúl que estaba sufriendo como nunca le
había visto por lo que te estaban haciendo. Por no poder hacer nada. Allí
estaba tu familia, tus padres, tu hermano, tu mujer. No estabas con nosotros pero estabas entre
nosotros. Teníamos miedo pero también teníamos esperanza. Todo salió bien menos
una cosa. Ana se nos hizo pequeña, muy pequeña y en aquel momento supe que más
pronto que tarde la perderíamos. Creo que Raúl también lo supo.
Te recuperaste. De todo. Te recuperaste y
volviste a buscarle las vueltas a la vida para encontrar la felicidad y mi
mente viaja al verano de 2005 a caballo entre Cantabria y Asturias. Uno de los
mejores.
Allí se hizo imperecedero el “qué gusto chato”,
nos descojonábamos con “la mirada azul” de Zoolander, Sergio se lo pasó
fenomenal entre tanto ganso y tú, paciente y orgulloso padre, procurabas poner
orden de cuando en cuando porque los compañeros de juegos de tu hijo éramos
peores que él…
La mirada azul. Santillana de Mar, Julio 2005
Estoy seguro de que a estas alturas mi autismo
ya es compartido y en tu cabeza también se habrán disparado mil relámpagos
sobre los que ir viajando plácidamente. Síguelos. Merece la pena cada uno de
ellos. No es necesario escribirlos. Se leen mejor sin palabras.
Si tuviera que elegir una palabra
representativa de todos ellos perfectamente podría ser DIGNIDAD.
La DIGNIDAD que siempre supiste transmitir en
los buenos momentos y en los malos. Con qué DIGNIDAD supiste rescatar los
mejores momentos de tu vida y sobre ellos ir construyendo cada nueva etapa que
te tocó encarar.
La DIGNIDAD con la que soportaste toda clase
de adversidades dentro y fuera de los hospitales.
La DIGNIDAD con la que nos recibías siempre,
incluso en tus últimos días, y que a pesar de todo te hacía parecer el de
siempre. Dos días antes de dejarnos casi nos matas de risa a mi hermano y a mí
relatándonos en la UCI el episodio del “estáis todos muertos” con el tío Juanito… en otra UCI… en otro
tiempo. Tenías miedo y bromeabas con la muerte. La presentías “La de La Guadaña
ronda por aquí todas las noches” nos decías, pero aún así la encarabas con esa
valentía que jamás te reconociste, a tu manera, y con esa risa de los once años
mirabas a los ojos de la Negra Dama.
Te dolía la posibilidad de dejar a los que
querías y te querían, tus padres, tus hermanos tus compañeros amigos y familia,
Aurelia…
Y en tu Alma limpia una última preocupación.
Legítima. Integra, tal como tú eras. SERGIO. “¿Qué se le dice a un hijo cuando
sabes que no le volverás a ver?” te preguntabas en voz alta. La DIGNIDAD con la
que te abrías no podía esconder que ésta era seguramente la más afilada espina
que tenías clavada. Sabías que tenías un hijo maravilloso y que te quería como
tú a él. “Sólo puedo pedirle que pase lo que pase sea una buena persona” decías.
Sé que sabías que lo será. A su alrededor sólo hay personas que le quieren, que
le acompañarán en el camino y que se partirían el pecho antes de dejar que algo
malo le pase. Puedes estar tranquilo…
Quedada
primos Villarraso. Junio 2009
… pero sigues entre nosotros.
Dani
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